Por Claudia Cardozoy Andrés Colmán Gutiérrez
CIUDAD DEL ESTE
“No solo fue el accidente más grave que hubo en una represa hidroeléctrica, en toda América Latina, sino también se produjo el mayor daño ecológico al arrojar los casi 600 litros del tóxico aceite PCB a las aguas del río Paraná, pero las autoridades nunca alertaron del hecho ni a la población, ni a los organismos ambientales”, revela Luis Alberto Fernández, uno de los técnicos que resultaron afectados por la contaminación posterior a la explosión de los dos reactores de la represa Acaray II, de Hernandarias, ocurrida el 28 de abril de 2004.
El aceite químico sintético PCB (bifenilos policrolados), cuyo nombre comercial es Askarel, se utiliza como fluido aislante en equipos eléctricos, principalmente reactores y transformadores. Contiene ácido clorhídrico (HLC) muy venenoso, y con altas temperaturas libera dioxinas y furanos, de alta toxicidad. Había 300 litros en cada uno de los dos reactores (R3 y R4) que explotaron hace cinco años.
Ahora, Luis Alberto Fernández, junto a un grupo de compañeros trabajadores de la represa, acepta contar por primera vez los detalles de aquel trágico episodio, del que trascendió muy poca información a la opinión pública, y sobre el cual la Administración Nacional de Electricidad (ANDE, bajo la presidencia de Martín González) y el Gobierno paraguayo (entonces a cargo del presidente Nicanor Duarte Frutos), guardaron un hermético silencio.
“Una parte del aceite que había en los reactores quedó impregnado en el piso y en las paredes de la sala de máquinas, donde sucedió la explosión. También penetró en el organismo de los 4 compañeros que estaban allí en ese momento. Pero la mayor parte salió por los tubos y los cables que llevan directamente a las aguas del río Paraná. Es un volumen demasiado grande, para un producto que es altamente venenoso, y que tarda entre 70 a 100 años en desaparecer”, revela.
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