
El río Uruguay, es el eje de circulación y frontera natural de la Argentina con el Brasil, y el Uruguay es el segundo en importancia dentro del sistema del Plata, con su amplia cuenca que cubre aproximadamente 365.000 km2. Su curso recorre 1.750 Km., desde su naciente en las sierras Do Mar y Do Geraís hasta su desembocadura en la confluencia con el Paraná Bravo, y el volcado unidos en el Río de la Plata posee una amplia cuenca de alimentación que se localiza en regiones cuyas precipitaciones llegan a 2.000 Mm. anuales en los meses de invierno y primavera, y que en tiempos en que no estaba segmentado por represas, provocaban crecientes retardadas en uno a dos meses.
Aunque el régimen del río es muy irregular, pueden identificarse dos crecientes separadas por los estiajes de enero y agosto, el caudal medio anual en Concordia es de aproximadamente 4000 m/s, aunque se han registrado caudales muy superiores, sobre todo por las inundaciones producidas por la Corriente del Niño.
En su descenso hacia el Plata, se formaban en importantes restingas, rápidos y saltos, como Salto Chico y Salto Grande, ambos a pocos kilómetros al Norte de las ciudades de Concordia y Salto, que se transformaban en una barrera infranqueable para la navegación sobre todo el segundo. En la actualidad, el Salto Grande, ha sido cubierto por el embalse de la represa hidroeléctrica del mismo nombre, a la cual no se le ha terminado de construir la esclusa para la navegación. (Una más; ¿Y van ?)
Este río que como ya lo dije, nace en las altas Sierras Do Mar, muy cercanas al Océano Atlántico, y forma un gran arco hasta desaguar en el Río de la Plata.
En todo su discurrir el Uruguay fue y será, por más que los intereses del “Progreso”, lo cercenen brutalmente, y/o ataquen con esquemas conta-minantes, una, de las mayores fuentes de inspiración de los poetas, pintores, decidores, es decir de todos aquellos a los cuales Dios les dio la facultad de poder representar de mil formas tanta belleza, entre ellos se encuentran el misionero Ramón Ayala y charrúa Aníbal Sampayo, quien nos dejara en mayo del 2.007, nos ofrendó entre muchas otras obras, como insuperable legado esta su mayor creación:
Hasta la sexta década del siglo pasado, este río era altamente utilizado, en sus posibilidades de navegabilidad, eran tiempos en que la Mesopotamia Argentina, carecía prácticamente de rutas asfaltadas, y de uniones físicas, como lo son en la actualidad, los puentes que la unen al resto del territorio argentino y a los países vecinos, y el túnel subfluvial que une Paraná con Santa Fe.
Solo los diversos ramales ferroviarios, que cruzaban el Paraná, mediante la utilización de “Ferris Boats”, (Zárate – Ibicui, Posadas – Pacú Cuá-Paraguay), y el transporte fluvial de cargas y pasajeros estos mediante vapores muy confortables, permitían el desarrollo de esta región.
El transporte de cargas también se valla de esos ríos para satisfacer las necesidades de las localidades Paraguayas, Brasileñas, y argentinas, en sus zonas de influencias, y los buques de pasajeros algunos de gran porte, unían a la ciudad de Buenos Aires y los puertos intermedios, con Asunción, Iguazú, Montevideo y Concordia, con servicios regulares realizados por los ” Vapores de las empresas Mihanovich, y Dodero, que luego fueran nacionalizadas, para dar vida a la Flota Fluvial Argentina, que contaba entre otros a buques como los denominados “Ciudad de Asunción, Ciudad de Paraná, Ciudad de Buenos Aires, Berma, Guayrá, Iguazú. General Belgrano, General Artigas, Washington”.
Se llegó en la década de los años cincuenta inclusive, a establecer un sistema mixto de transporte de pasajeros, denominado “Ferro Fluvial”, y consistía en trasbordar en la ciudad de Concepción del Uruguay, a los pasajeros que partieran en barco desde Buenos Aires, para que prosigan su viaje en tren hasta la ciudad de Asunción e intermedias, y a los que llegaran a ese puerto desde aquella ciudad por tren, transportarlos hasta la capital de la República Argentina, en vapores. Los viajes fluviales con pasajeros, cubrieron una amplia franja en la historia de los siglos XIX y XX, y los últimos en extinguirse fueron los que unían diariamente Buenos Aires con Montevideo en viajes nocturnos.
Este sistema tuvo que lamentar varios accidentes, algunos de los cuales terminaron en naufragios con pérdidas de vidas, como ocurriera con el Ciudad de Buenos Aires.



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