
Como se desprende de todo lo relatado en las crónicas, los ríos Paraná y Uruguay, con los arroyos Itaembé, Chimiray, Mocoretá y Guayquiraró, enmarcan como si fueran los protectores de una maravillosa obra que surgiera de la magia de Leonardo, Van Gogh, o Velásquez, cual una de las más perfectas manifestaciones de la naturaleza en esa especialidad de mezclar cursos lúdricos, con selvas, llanuras, islas, cerros y una increíble diversidad de seres vivos, que bien podrían imaginar aquellos grandes de la pintura de todos los tiempos si conocieran a la provincia de Corrientes, que seguro los hubiera hecho creer que estaban ante la representación real del “Paraíso Terrenal’. No sé si tiene razón el Cholo Aguirre cuando asegura: “Si usted nunca fue a Corrientes, no conoce mi país”, porque parecería una afirmación presuntuosa, pero si yo puedo asegurar que quien’ no conoce a Corrientes, sin duda se perderá de gozar de todo lo qué el Supremo Hacedor ha dotado al “Taraguí”, es un poco como vivitar el Louvre y no ver a La Gioconda, o regresar de Copenhague sin haber admirado a La Sirenita. En fin, podría estar horas escribiendo sobre esa prodigiosa muestra de la naturaleza uno de cuyos símbolos debería ser la flor del Irupé, pero por desgracia debo escribir no sin indignación de los despropósitos del hombre, y particularmente del proyecto de represamiento del arroyo Ayuí Grande.
¿Qué fiebres indescifrables producen en la mente la ambición y la codicia de los seres humanos dedicados a la producción? La verdad es que no lo sé, pues el solo pensar en destruir tanta perfección corriendo a contrapelo de la lógica debe mortificar hasta a quien lo hace. Porque quien lo hace sabe que no debe hacerlo y sin dudas que se tiene que sentir mal en algún momento, y quien justifica a quien lo hace por unas monedas supera sin dudas cualquier adjetivación negativa. Más allá de los que lucran con estos desatinos, como si fuera poco están aquellos que al sentarse frente a un tablero de dibujo son capaces de transformarse en verdaderos “Nerones”, para poder así quemar sus propias Romas, que no escatiman en derrochar esfuerzos para imaginar obras inimaginables. En fin, ante tantas malas intenciones particularmente me aferro a pensar que en este inundo actual no hay nada más insensato que la sensatez que ponen de manifiesto los que proyectan el “progreso’ de las regiones. Yo sé que la batalla en defensa del Ayuí Grande no será definitoria como el Mbororé o Trfalgar, como tampoco lo fueron las que los pueblos realizaron en contra de Corpus y Paraná Medio, porque siempre esas mentes pensadoras encontrarán algún resquicio legal para cumplir sus objetivos, que aquí donde sobra agua (todavía) tratan de usufructuarla más allá de las enfermedades como el dengue, la esquistosomiasis, la filariasis, el paludismo, la fiebre amarilla, leishmaniasis, rabia parisiante y muchas más.



No comments
Comments feed for this article
Trackback link: http://yacyreta.info/www/ronicas-del-pais-de-los-rios-muertos/capitulo-vii-el-uruguay-no-es-un-rio-tampoco-un-cielo-azul-que-viaja/intentan-represar-el-ayui-grande/trackback